Sin Filtro: Crónica de una “Antiexposición” por Dailey Fernandez

¿Qué pasa si abrimos un espacio a todos? (Realmente a todos) ¿Responderían a la convocatoria? Y lo más importante: ¿Quiénes y por qué? Y si responden muchos… ¿cómo organizar lo que comparten en el espacio mutante de SAREAN? ¿Es realmente una antiexposición?

Estas fueron solo algunas de las dudas, y al mismo tiempo motivaciones para proponer una intervención sin filtros de ningún tipo. Una vez más quería experimentar un proceso incierto en una ciudad todavía poco asimilada, dejarlo todo (o casi todo) a la suerte, al azar, y a la voluntad de la gente que quisiera colaborar. Poco menos de un mes antes de la apertura del espacio al público, se lanzó la convocatoria incitando a todo tipo de personas de la comunidad, y también de fuera, a compartir desde un objeto de valor, una manualidad, hasta una selfie.

Los primeros en responder fueron los artistas muy jóvenes o recién graduados de Bellas Artes que había conocido tanto en Iruñea
como en Bilbao. Muchos, a pesar de los años en el círculo del arte, colgaban su primer cuadro… Otros agradecían una oferta irreverente ante. Pero también hubo quienes tuvieron sus reservas y no se arriesgaron; lo cual es totalmente comprensible ante un proyecto de estas características.

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Abrimos el espacio de SAREAN el día 3 de febrero en la mañana para empezar a recibir obras. Las primeras horas fueron inciertas, pero en la tarde llegaban los primeros a colgar sus cuadros y a preguntarme más detalles del proceso y de quiénes estaban respondiendo. Algunos ya habían enviado previamente sus proyectos por email o whatsapp, otros, para mi sorpresa, llegaron directamente con obra en mano. Cada uno fue invitado a colgar su propia pieza y a dejarnos escrito en la pared lo que quisieran compartir sobre su trabajo. Al día siguiente recibía más proyectos de chicos todavía estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de Bilbao (sospecho que la mayoría de la clase de segundo año participó en elproyecto). También buenos amigos comisarios, artistas, investigadores que están hoy por todo el mundo se animaron a compartir su trabajo.

Se creaba así una red, un boca a boca entre quienes habían recibido primero la información y los que llegaban rezagados pensando que ya no quedaba espacio en pared. Pero siempre encontramos un hueco. Luego de tres días recibiendo obras terminábamos de montar minutos
antes de la apertura al público.

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Este fue el proceso, la odisea de tres días sin visualizar una imagen final. Pero también es oportuno mencionar algunos resultados para dejar sugeridos algunos estados del arte joven y del circuito artístico de la ciudad. Dentro de las casi cuarenta obras predominó la pintura, las paredes se llenaron de cuadros de diferentes formatos, técnicas y temas, pero también de grabados, dibujos, ilustraciones, fotografía, textos y cerámica. Tuvimos un performance en el que se invitaba a los participantes a tatuar la palma de la mano de Marina Wanna (tatuajes efímeros); se mostraron en formato vídeo tres casos diferentes de documentos que demuestran la absurda condición de apátridas (Investigación de Sergio Jair Méndez), el texto con mensaje reconciliador e inclusivo de Sofía Enríquez; un vídeo sobre las aguas quietas, pacíficas y sanadoras de Madagascar de Moriah de Zen; y, coincidentemente, otro vídeo del artista peruano Huarac sobre las aguas del Amazonas también hermosas pero contaminadas por el petróleo. Alexandra Rodrigo, pintora peruana compartió la imagen de una de sus pinturas utilizando la idea de reproducción, de copia en papel, una de sus calatas.

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Todas estas piezas están todavía compartiendo espacio en SAREAN. Ninguna obra se quedó fuera, lo que dio lugar también a confluencias de diferentes estilos, intereses, temáticas, obras jóvenes y otras muy maduras, y hasta una lámpara de una de las vecinas que ayudó con la iluminación de la sala. Pero una de las mayores ganancias de este proyecto experimental, además de dejar un mapa de algunos comportamientos interesantes (que críticos, profesores y artistas locales sabrán leer mejor que yo…) fue sin dudas incluir otras entidades sociales como el Centro Igurko para la tercera edad y Sortarazi en un proyecto cultural de este tipo, además de provocar la curiosidad de los niños del barrio y de algunos vecinos.

Gracias finalmente a SAREAN por la labor que realizan en la Plaza Corazón de María y por acoger una propuesta tan arriesgada y trabajosa como esta.

Y sí… por más que quisiéramos quitarle el bombo y el platillo, SIN FILTRO fue una exposición, diferente tal vez, no académica quizás, pero exposición al fin. En la negación está la afirmación. Pero también esto era parte del experimento…

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